Atiende le responde a tus clientes por WhatsApp, Instagram y Messenger. Toma pedidos, agenda citas y te deja todo ordenado en un panel que sí vas a querer abrir.
Sin tarjeta. Sin instalar nada. Listo en una tarde.
Te escriben a las diez de la noche, un domingo, o mientras estás atendiendo a alguien más. Cuando abrís WhatsApp al día siguiente, esa persona ya preguntó en otro lugar y le contestaron primero.
La misma pregunta, veinte veces al día, y cada una te saca de lo que estabas haciendo.
Te mandan una nota de voz de dos minutos y la dejás para después. Después es mañana.
Alguien preguntó, le interesó, y se quedó ahí porque nadie le siguió la conversación.
Y no es una sensación. Está medido:
No es un menú de opciones ni un «escribí 1 para precios». Conversa como una persona que conoce tu negocio, y cuando hay que concretar, concreta.

En El Salvador la gente manda audios, no párrafos. Tu asistente los escucha, los entiende y responde como si le hubieran escrito. Sin que nadie tenga que sentarse a oírlos.
Los otros bots se quedan mudos cuando llega un audio. Ahí es exactamente donde se pierde la venta.

Conversación de ejemplo. Elegí tu rubro arriba.
Mirá lo que hizo el asistente en esos minutos, sin que nadie estuviera despierto:
Un chatbot se puede cancelar. Lo que no se cancela es el lugar donde vive la información de tu negocio: qué se vende, qué preguntan, qué se cobró y qué falta.
Sin que lleves cuentas a mano ni abras una hoja de cálculo.
Que es justo lo que deberías tener contestado en tu perfil.
De todo lo que se vendió por chat, mes a mes.
Y podés meterte a contestar vos cuando querás.
Cada quien con su nombre y su historial de cambios.
Te avisa antes de que llegues al límite, no cuando ya pasó.
No tiene horario, no se cansa y no deja a nadie en visto. Un domingo a medianoche te puede quedar cerrado un pedido, y vos te enterás cuando despertás.

No hay instalación, no hay técnico que venga, no hay que dibujar flujos ni aprender un programa nuevo.
Elegís tu rubro y el asistente ya arranca sabiendo qué preguntar y qué ofrecer en tu tipo de negocio.
Tus precios, tus horarios, tus productos y cómo querés que hable. En un formulario normal, escribiendo.
Escaneás un código como en WhatsApp Web y listo. Seguís usando tu mismo número y tu mismo teléfono.
Elegís tu rubro al crear la cuenta y el asistente ya sabe qué preguntar, qué ofrecer y qué no decir nunca. Las secciones que no te sirven ni aparecen en tu panel.
Muestra el catálogo, confirma tallas y toma el pedido con entrega y forma de pago.
Revisa el calendario de verdad antes de prometer una fecha, y deja la reserva anotada.
Manda el menú, arma la orden completa y te la deja lista con la dirección de entrega.
Agenda la cita, confirma el servicio y manda el recordatorio antes de que llegue el día.
Filtra al que solo está viendo del que sí quiere visitar, y te agenda la visita.
Agenda consultas y responde lo administrativo. Nunca da diagnósticos ni receta nada.
Toma los datos de la mascota, agenda la consulta y recuerda las vacunas.
¿Tu rubro no está en la lista? Escribinos y lo configuramos con vos.
Ya sea con el sueldo de alguien, o con las ventas que se pierden mientras nadie contesta.
Salario mínimo de comercio, más prestaciones. Trabaja 8 horas, descansa domingos y se enferma como cualquiera.
Contesta las 24 horas, todos los días, en tres canales a la vez. Y lo cancelás cuando querás.
Y el canal no es capricho: un WhatsApp se abre casi siempre —98%, contra el 21% del correo— y 7 de cada 10 personas compran más a negocios con los que pueden chatear.
Fuentes: Twilio, sobre 4,800 millones de mensajes · Meta y Kantar, 2025
Nada de «esta función es del plan caro». Elegís por el tamaño de tu negocio, no por lo que te dejan usar.
Para un negocio con movimiento
Para cuando no das abasto
Los tres planes traen todo: notas de voz, fotos, catálogo, pedidos, citas, recordatorios, panel completo y tu equipo adentro.
Probalo 7 días gratis, sin tarjeta. Si no te sirve, no hacés nada y se apaga solo. Y si te sirve, lo cancelás cuando querás desde tu panel.
No. Escribís cómo habla tu negocio, tus precios y tus horarios en un formulario normal, y ya. No hay que dibujar flujos ni programar nada.
Puede pasar, como con cualquier empleado nuevo. Por eso ves todas las conversaciones en tu panel, podés pausar el asistente en un chat y contestar vos, y corregir lo que le enseñaste cuando querás.
Habla con el tono que vos elijas y con la información de tu negocio. Y cuando algo se sale de lo que sabe, en vez de inventar te pasa la conversación a vos.
Sí. Se conecta escaneando un código, igual que WhatsApp Web, y vos seguís usando tu teléfono normal.
El asistente deja de responder hasta que actualices el plan o empiece el mes siguiente. El panel te avisa antes de que llegues al límite, no cuando ya pasó.
Sí. Cada quien entra con el código de tu empresa y su nombre, y en el panel queda el historial de qué cambió cada persona. Según el plan podés tener 2, 5 o 15 personas.
Con tarjeta a través de Wompi, que es de Banco Agrícola. Nosotros nunca vemos los datos de tu tarjeta.

Creás tu cuenta, conectás tu WhatsApp y en una tarde tenés a alguien contestando por vos. Sin tarjeta y sin compromiso.